¿En qué lío me he metido ahora? Parece que las situaciones imposibles me persiguen... Mis padres acaban de divorciarse, han vendido la casa y cada uno se va a una ciudad diferente. Me hicieron decidir entre los dos... pero ¿cómo puedes hacer eso? y luego pretenden que no me sienta culpable, como si fuese tan fácil. Menos mal que he heredado la astucia de mi abuela que se pasó sus setenta años de matrimonio con su marido diciéndole que si algún día la engañaba ella se iba a enterar porque era bruja... nadie sabe si es verdad, incluida yo porque cuando se estaba muriendo se lo pregunté y sólo me guiñó un ojo... ¿o fue un efecto de su estado? Bueno, el caso es que creo que convencí a mis padres de quedarme con mi tía Paula en la ciudad donde vivíamos por los estudios... siempre he sido una chica muy estudiosa y no pusieron pegas. Esta tarde, se fue mi padre... la semana pasada me despedí de mi madre y ahora él... por fin comprendí que me quedaba sola... aunque me prometieron llamarme casi todos los días. Mi mano se quedó congelada en el aire mientras le decía adiós llorando... cuando el coche se perdió de vista una mano me agarró fuertemente del hombro y me metió en la casa cerrando la puerta detrás mío de un golpe.
-Bueno, muchachita... - Mi tía me miraba furiosa, con los brazos en jarras mientras me fulminaba con los ojos - espero que estés orgullosa de lo que has hecho... primero haces que mi hermana se vaya y ahora tengo que cargar contigo.
-Pero...
-¡No me interrumpas! - Me gritó mientras me señalaba con el dedo a la cara - ¡Se acabó tu vida de mocosa entrometida, aquí aprenderás a cuidar de ti misma! ¡Primero vas a trabajar para ganarte el sustento, luego los estudios... y la casa la quiero ver tan limpia que parezca nueva TODOS LOS DÍAS! ¡Ahora, a tu habitación a colocar las maletas y baja en cinco minutos!
-Pe...
-¡¿Entendido?!
Salí disparada a la habitación y me puse a colocar la maleta como loca... cuando bajé, mi tía me esperaba con varios trapos en la mano derecha, dos botes en la izquierda, cogedor, cepillo, fregona y cubo...
-¿Es que no tienes ropa más vieja para trabajar? ¡Sube a cambiarte holgazana!
Dos meses y medio después, me hice mujer... en todos los aspectos. Con 16 años ya tenía yo una madurez prematura y ningún amigo de mi edad, sólo las vecinas de mi tía diciéndome lo afortunada que era teniéndola porque era una persona encantadora. Llegué a creérmelo y sentí que no le agradecía suficiente lo que hacía por mí, también porque esto último me lo repetía ella muy a menudo... en los desayunos, comidas y cenas... Se me llenaban los ojos de lágrimas por la gratitud que sentía por mi tía Paula... ¿o era por otra cosa?
Un domingo de mayo dejé de esperar a que mis padres me llamasen o quisiesen saber de mí... me resigné a ser huérfana. Por lo menos tenía a mi tía, qué buena era mi tía Paula. Ese domingo mi tía por fin sonrió en el tiempo que llevaba yo en la casa... ¡qué guapa se la veía sonriendo! Cerré los ojos para preservar ese recuerdo para siempre. Aunque duró muy poquito.
-¿Sabes, cabeza de chorlito? Te he conseguido un trabajo...
-¿Otro? Dejé el instituto porque no podía con más...
-¿Te estás quejando?
-¡No, no, nunca tía Paula, tú sabes lo que es mejor para mí!
-Pues esto te va a gustar. Hay una familia en la urbanización a tres calles de aquí, que acaban de tener un hijo... son un matrimonio joven y los dos trabajan... ¿te das cuenta de la responsabilidad?
-Sssiiii....- contesté sin demasiada seguridad.
-Bien... sólo tendrás que cuidar al niño, ganarás más que los tres trabajos que tienes por lo que no hay problema en que los dejes e incluso puedes examinarte de las asignaturas que quieras en el instituto si logras que te pasen los apuntes alguien... ya sabes que no se compran libros.
-Es.... ¿estudiar?
-Sí... siempre que no incumplas con tus obligaciones...
-¡Es perfecto tía Paula, gracias, gracias, gracias....! - me abalancé sobre ella abrazándola tan fuerte que entiendo que me empujara contra el mueble. -Empiezas mañana.
-Mañana... - suspiré.
-Haz tu maleta...
-Pero... tía... ¿y tú?
-Yo estaré mejor sin ti... estoy harta de atender a una desagradecida que ni siquiera pregunta por sus padres... - se dio la vuelta dejándome con la boca abierta.
Al día siguiente me presenté con todas las maletas y los ojos rojos de llorar, en casa de este matrimonio. Eran jóvenes e inexpertos, su primer hijo... y aunque yo nunca había cuidado niños, y menos bebés de días como era aquél... sabía por el llanto que el niño tenía hambre. Solté todos mis bártulos en la puerta y entré corriendo en la casa buscando al bebé... Cuando lo tuve en brazos se tranquilizó algo... los padres vinieron detrás mío corriendo y cuando me vieron con su hijo respiraron aliviados...
-¡Hacía una hora que estaba llorando y no sabíamos qué hacer con él! - decía la madre a modo de disculpa.
-¿Le habéis dado de comer?
-¿Comer? ¡Comer, claro, quiere comer! - los dos corrían de un lado a otro buscando algo, luego volvieron al salón donde yo me encontraba.
-¿Sabes preparar un biberón?
Mi primer día en la casa estuvo mejor que bien, nunca supe lo segura que estaba de mí misma hasta que les vi a ellos tan inseguros. Les hice coger al niño, cosa que no habían hecho, directamente la madre de ella soltó el bebé en la cuna ese mismo día mientras ellos se preguntaban que qué era ese ruido tan molesto hasta que llegué yo a la casa. No me costó en absoluto hacerme con la casa y el bebé, a pesar de que tenían cocinera y asistenta tres veces en semana.
Mis estudios mejoraron y recuperé los meses perdidos gracias a Internet, logré chatearme con un alumno del instituto que me pasaba los apuntes por correo electrónico. La vida me sonreía, y yo me reía de felicidad acordándome de mi tía Paula. ¡Qué grande era mi tía Paula!
Seis meses después, yo me encontraba en el salón estudiando... acabada de dar de comer al bebé y éste estaba durmiendo en su cunita que yo llevaba allí donde estuviese cuando sonó el timbre de la puerta. Eran dos policías.
-¿Es usted Irene Ariza?
-Siiiii...
-La hemos estado buscando durante meses... y estaba aquí al lado...
-¿Pasa algo?
-Pues sí.... lamentamos comunicarle el fallecimiento de sus padres...
-¡Q-Qué...! - de pronto recordé a mis padres como si hiciese siglos que no les viera... y la noticia me aplastó por completo. Me fui escurriendo poco a poco por la pared donde me apoyé hasta caer al suelo... me dolía el pecho... no podía respirar...
-¿Se encuentra bien?
-No... no puede ser... mis padres están divorciados... no pueden morir...
-Ha sido algo lamentable... - me levantaron entre los dos del suelo y me llevaron al salón - todavía no han cogido al responsable...
-¿Al... responsable?
Los policías se miraron uno al otro antes de contestar, el que no había hablado hasta el momento se sentó junto a mí en el sillón.
-Han sido asesinados... - dijo muy suavemente... como queriendo quitar sentido a cada palabra.
-Asesinados... pero... ¿quién? No lo entiendo... eran mis padres... ¿cu-cuando ocurrió?
-Hace... cinco meses y medio... no pudimos localizarte antes... tu tía se encontraba también de viaje... hasta ayer no pudimos dar con ella... ¿no te ha dicho nada?
-No... hace meses que no hablo con ella... ¡pobre tía Paula... ha muerto su hermana...!
Según los médicos sufrí una crisis disociativa de personalidad. Nadie entendía que me preocupase más de mi tía que de la muerte de mis padres. Ni siquiera cuando averiguaron que mi tía forzó a mis padres a firmar un papel en el que ella aparecía como albacea de sus testamentos, el documento en el que mi tía, por cuidarme, recibía una cantidad considerable todos los meses y cómo mis padres, al no poder hablar conmigo por no localizarme nunca en casa de mi tía, la amenazaron con retirarle mi manutención y venir a recogerme, además de ser vista en los lugares de los asesinatos por unos vecinos que la vieron forzar la cerradura de las casas. Todo esto me contaron de mi tía y cómo ésta les había matado a martillazos en la cabeza mientras dormían... uno una semana después del otro. Luego mi tía se dedicó a viajar hasta aquella noche en que la policía se presentó en su casa a la cual le habían puesto vigilancia por considerarla presunta sospechosa de un doble asesinato.
Todo eso no me inmutó en absoluto... estaba apenada por mi tía... todo lo había hecho por mí... En mi demencia, accedieron a que la visitara en la cárcel.
-Hola tía Paula... estás más delgada.
-¿Tú crees? - contestó en un gruñido.
-Sí, pero te favorece...
-Oye... todo lo que te han dicho es mentira... ¿lo entiendes? - me dijo acercándose a la mesa desde su silla.
-Claro tía Paula... - me sentía muy feliz, como si no fuese yo la que estuviese en ese cuerpo, era como si tuviese todo controlado y supiese en todo momento lo que tenía que hacer.
-¿A qué has venido?
-He venido a verte... necesitaba verte...
-Pues ya me has visto ¡ahora, lárgate!
-¡Qué amable eres tía Paula, siempre tan amable!
-¡Me estás poniendo nerviosa...!
-¿De verdad ti-a Pa-u-la? - me levanté y me fui hacia ella con paso lento, estudiando cada uno de sus movimientos...
-¿Qué quieres de mí, qué quieres de mí? - poco a poco se fue encogiendo en la silla mirándome con ojos crispados por las lágrimas.
-¿Lloras? Creí que nunca lo hacías... ¿es por mis padres muertos o porque te han pillado tía Paula?
-Dios mío... dios mío....
-Nunca me has dejado decirte lo que siento por ti... - de mi bolsillo saqué un bolígrafo bic azul, lo examiné, le quité la funda - ¡esto es lo que siento! - grité mientras le clavaba el bolígrafo en la garganta atravesándole el cuello - pero eso no es todo lo que me has dado tía Paula... - saqué otro bolígrafo del bolsillo e hice la misma operación y se lo clavé en el brazo - ahora no podrás abrazarme, ni decirme cuánto te importo... como hacías cuando las cosas estaban bien... ahora ya no te quiero.... ¡ahora ya no te quiero!
Dos policías entraron para sujetarme, todavía llevaba tres bolígrafos más en el bolsillo... Me llevaron a un psiquiatra y me exculparon por enajenación mental... ¿o realmente quería matarla? No lo sé... por el momento me sonrío con el recuerdo de ver a mi querida tía Paula con el bolígrafo atravesándole la garganta y otro en el brazo... me faltaron los ojos y el corazón... por eso todavía vive... Mientras tanto, yo sigo mi vida cuidando a mi bebé y la visito todas las semanas, para recordarle lo mucho que la echo de menos. Me mira con ojos lacrimosos mientras emite un sonido casi inaudible y señala con el dedo tímidamente a mi persona.
-Lo sé tía Paula... yo también te quiero.

Vivo en un rincon de mi mente
Publicado: 2007-12-29 22:59:17